Navidad

Pasadas las 1,000 muertes por COVID-19 en la isla y el aumento de casos positivos luego de la campaña política, solo queda presignarnos y encomendarnos a Dios ante lo que viene con el jolgorio navideño.

Siempre he estado conciente que en cualquier momento podría resultar positivo al virus. Quien no se haya contagiado y entienda que está en poco riesgo, pues realmente es un ignorante e irresponsable. Respeto al que desee estar casi todo el tiempo en su residencia guardado con su familia para redurcir la posibilidad de contagio. No obstante, la mayoría de los puertorriqueños necesitan generar ingresos para mantenerse y mantener a sus familias. No todos reciben algún cheque sin trabajar o trabajando de forma remota. Los que están en esas se les hace muy, pero que muy fácil pedir lockdown como el de marzo, porque no entienden que todo tiene un efecto dominó, por lo que un lockdown ilimitado terminaría pegándole un tiro a ese que lo pide.

Cuando expreso que lo que nos queda es encomendarnos a Dios por lo que viene es porque las campañas políticas demostraron temeridad, desde la propia gobernadora hasta los candidatos y sus seguidores. Como los líderes políticos mostraron temeridad, ese arrojo está siendo replicado por parte de la ciudadanía porque no fueron modelo. “Si ellos pueden, ¿porqué yo no?”, es la pregunta que se hacen.

Hace unos días la gobernadora Wanda Vázquez anunció una nueva Orden Ejecutiva en la que vuelve a apretar una tuerca que parece haber perdido rosca. Vuelve a bajar a 30% la capacidad en restaurantes, centros comerciales, concecionarios de autos, entre otros. Lo menos comprensible, desde mi punto de vista, el el cierre de playas. Hasta el momento no he escuchado a alguien explicar con un nivel mínimo de lógica y sensatez cómo las playas se han convertido en un lugar de alto riesgo de contagio. Esto, en parte, demuestra que el gobierno, cerca de 8 meses después del primer cierre, sigue sin rumbo, sin brújula y actuando de manera irresponsable, con selectividad. ¿Pudo el gobierno prohibir en junio, julio y agosto las actividades políticas multitudinarias? Si puede cerrar todo un país, como hizo en marzo, pudo haber prohibido esas actividades políticas. Hoy nos revienta esa irresponsabilidad en la cara y quieren ahora ser lo más papistas.

¿Es imposible para una persona saber dónde se contagió? Entiendo que eso es así en la mayoría de los casos. ¿Que una persona no recuerde dónde estuvo en los últimos 5 a 10 días? Eso no lo creo. Siguen fallando en el rastreo.

Sí, uno se puede contagiar en cualquier lugar público, no obstante, la inmensa mayoría de esos lugares toma medidas y obliga a sus visitantes a seguir dichas medidas. Hace unas semanas fui en la noche al negocio de un amigo en Hato Rey y las medidas tomadas eran extraordinarias. Era al aire libre, toman temperatura, te limpian las manos con desinfectante, mesas separadas por más de 6 pies, uso obligado de mascarilla en cualquier momento que te fueras a mover de tu área, la comida y/o bebida la llevaban a tu mesa y disfrutabas el ratito mientras escuchabas la banda musical, cuyos músicos estaban con mascarillas. Ahora bien, también llevaba mi alcohol y me limpiaba las manos constantemente.

Usted vá a un lugar a así y hay medidas de seguridad. ¿Esas medidas son tomadas en las actividades familiares? La respuesta es que no. Usted vá a visitar a algún familiar y hay 10 personas en la casa, se quitan las mascarillas se abrazan, se besan, no guardan distancia, entre otras. Ahí hay mayor riesgo de contagio, donde no se toman medidas o muy pocas. Oiga, y tampoco es que hay que ser extremista y mirar a su familiar como si tuviera en su cabeza las coronitas del coronavirus. Ese no es mi punto. Es que muchos piden colgar del palo más alto la economía para salvar al mundo y luego están bajando la guardia en actividades privadas.

Uno no puede ser tampoco el más papista. Me ha ocurrido que estando en un lugar público, de trabajo o familiar, personas conocidas y desconocidas se acercan para hablar, saludar o tomarse una foto. ¿Qué hago? ¿Le digo “¡Aléjate Satanás!”…? “¡Por favor no me toques!”, “¿Tiene prueba covid reciente?, ¿me la puede mostrar?”, “¡No se me pegue en la foto, a 10 pies por favor!”. No he sido, no soy, ni seré así. Una foto toma segundos, y aún sin mascarilla, el Covid no se pega por mirada, através de la ropa, ni nada de eso. Con no toser, estornudar o hablarse mientras estan tomando la foto, para mí está bien. Obviamente luego viene el “baño” de alcohol. A mí no me está malo cuando alguien me saluda, aunque sea con el puño, y luego se desinfecta las manos. Yo hago lo mismo. Es algo que debe ser comprensible por ambas partes.

Definitivamente no toda la carga puede caer en el gobierno por el contagio. La carga mayor es suya como ciudadano, es usted el primer responsable de protegerse y proteger a los suyos.

El gobierno puede cerrar todo lo que desee y si la ciudadanía sigue actuando en lo privado con esa irresponsabilidad, el nivel de contagio no lo baja nadie.

Los primeros dos o tres meses de las ordenes ejecutivas provocaron un shock emocional en la ciudadanía, pero ese respeto o temor se ha ido perdiendo cuando vemos una ciudadanía bajando la guardia en privado.

De las elecciones pasamos a Acción de Gracias en tres semanas, de Acción de Gracias al Día de Navidad en un mes, del Día de Navidad a despedida de año en cinco días y de Año Nuevo a Día de Reyes en otros cinco días. La ciudadanía no vá a parar el jolgorio por el Covid y mientras el gobierno siga asfixiando la economía, al final del camino no tendremos ni la soga ni la cabra.

Preparemonos para un diciembre y enero inolvidable, como ha sido el 2020. Mientras, presignémonos y oremos para que ocurra un milagro y no aumente significativamente los positivos y las muertes, no por los restaurantes, centros comerciales, gimnasios, playas, etc… si no, irónicamente, por las actividades familiares, con y sin abuelitos, padres, tíos, hermanos y otros en edades vulnerables de contagio y con mayor riesgo de perder la vida.

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