Alex Delgado - Cuba - Maraton - julio 13 2021

Al ver el pasado domingo las manifestaciones en Cuba recordé cuando, desde escuela intermedia, siempre soñé con visitar la Antilla Mayor. Nunca comulgué, comulgo ni comulgaré con sistemas comunistas y/o socialistas porque no creo en ellos. El concepto de la igualdad en esos modelos sociales-económicos está contenido solo en la definición del mismo, pero no en la práctica, ¿ustedes creen que en Cuba, Venezuela o China hay verdadera igualdad? La única igualdad está entre los que son igual de pobres. Están todos igual de chavaos con “J”, pero, ¿usted cree que los líderes del comunismo y el socialismo viven las mismas penurias que viven sus gobernados? La igualdad en el comunismo y socialismo es para los pobres, no para sus dirigentes, ellos son distintos, bastante capitalistas y gustan de vivir la opulencia. Recordamos el vídeo de Fidel Castro con la mesa llena de buena comida y a Nicolás Maduro degustando costosos cortes de carnes en uno de los restaurantes de chef internacional Salt Bae. Ambos casos se dieron mientras gran parte de sus gobernados apenas tenían para comer.

Me encanta la historia y aunque esa es mi visión del comunismo-socialismo, eso no quiere decir que no pueda visitar un país hermano como Cuba. El argumento de que yo no debo visitar Cuba porque no creo en el comunismo y socialismo es tan absurdo como el que piensa que un independentista no debe visitar Disney o Estados Unidos.

Habiendo escuchado desde niño sobre Cuba, la dictadura de Fulgencio Batista, la esperanzadora revolución que se transformó en otra dictadura, el rol cubano en la Guerra Fría, los tensos 13 días, el embargo, y otros datos, por alguna razón la historia de Cuba me parecía cautivante. Me preguntaba cómo ese pueblo hermano se mantenía de pie. Quería verlo, escucharlo, sentirlo y conocerlo por experiencia propia, no por las historias que me pudieran contar unos u otros. Quería ir bajo el sistema actual, y no solo yo, que mis hijos vieran el mismo, que no dependieran de lo que le contara alguien.

En enero del 2018 escuché del "Marabana", un evento deportivo en el que se podía correr 10 kilometros, medio maratón (21 kilómetros), o un maratón completo (42 kilómetros) por las calles de La Habana. Luego de varias consultas, para realizar mi viaje sin problemas legales, decidí aventurarme, registrarme en el evento deportivo y adquirir los pasajes para viajar con mi familia, que también correrían el Marabana.

En la búsqueda de hotel me encontré con que no había mucha disponibilidad de habitaciones (probablemente por la ocupación del mismo evento deportivo), y el costo de las que estaban disponibles fluctuaban entre $300.00 y $500.00 la noche. Para mi sorpresa econtré una gran cantidad de apartamementos en la plataforma de AirBNB a precios más razonables para mi bolsillo. Mi comunicación con el propietario del apartamento era por WhatsApp y por email con los organizadores de la carrera. Estos detalles contrastaban un poco con la Cuba que tenía en mi mente, sin embargo, al llegar, me percaté que no solo la comida y las medicinas son limtadas, sino que también esas comunicaciones electrónicas.

Alex Delgado - Cuba - Maraton 2 - julio 13 2021

Al descender el avión, traspasando las nubes, commence a ver los campos cubanos, fue un momento emocionante e indescriptible porque me vino a la mente cuando, de adolecente, soñaba con ir a Cuba . ¡Ya estaba a punto de pisar La Habana! Cuando bajé del avión, en el mismo aeropuerto noté que había llegado a un lugar detenido en el tiempo, con cierto deterioro, no necesariamente lo que uno está acostumbrado a ver en un viaje, pero se sabía de antemano lo que uno se encontraría.

Media hora del Aeropuerto Internacional José Martí a El Vedado fue un buen tiempo para comenzar un intento de diálogo sobre cómo estaban las cosas en La Habana, lo mismo que hago en visitas a otros países, un poco para conocer. Sin embargo, las respuestas eran casi todas monosílabas, algo escueto. “Bueno, estoy en Cuba, no es lo mismo”, pensé.

Al llegar al apartamento, el propietario nos recibió de forma más conversadora, muy servicial y preguntándo “¿Cómo está Puerto Rico?”. Esa pregunta fue constante en distintos lugares durante la estadía. “¿Cómo les vá con la recuperación del huracán?” era otra frecuente. “Ustedes saben que ustedes son la otra ala y aquí los queremos mucho”, nos llegaron a decir, algo que ciertamente llega al corazón. Quisieron hacernos sentir como en casa y lo lograron. Por ese interés por los puertorriqueños y saber si estamos bien, lo menos que debemos hacer es reciprocar con oraciones y solidaridad.

Fue evidente que viven encapsulados en términos de información al hacer notar que desconocen cosas que ocurren en el exterior y que atañen a la isla. Recordemos que es el gobierno quien informa al país.

Para esa fecha, 2018, habiendo “abandonado” el poder Raúl Castro y tras el fallecimiento de Fidel, yo no recuerdo haber escuchado a algún defensor de la revolución. No es que hablé con tantísima gente, pero entre choferes, meseros y otros, unos indicaban estar cansados del sistema y que necesitaban un cambio, otros se limitaban a decir que la situación era difícil, y en el mejor de los casos, el de un joven, que ya estaba acostumbrado a vivir como vivía, que era lo que había aprendido y que se limitaba a no apartarse de las reglas del gobierno comunista. Ciertamente hay defensores de la revolución y del comunismo, pero al menos yo no me tope con alguno en una conversación.

No fue un viaje para documentar el sistema, solo les hablo de mis experiencias visitando la isla para la carrera, y trato de poner contexto esas experiencias con lo que está ocurriendo con nuestra hermana mayor hoy.

Aún con lo deteriorado que está en infraestructura, con el sistema que controla al pueblo, Cuba es un país hermoso, con campos y playas bellas, pero sobre todas las cosas, un pueblo que nunca ha puesto la rodilla en la lona, que está de pie, luchando contra cualquier adversidad para echar adelante.

En aquel momento se me hizo evidente en mi visita a La Habana, Matanzas, Viñales (Pinar del Río) y Varadero, que el turismo es muy importante para mantenerse. Uno de los choferes fue un profesor universitario que dominaba, al menos, 5 idiomas, pero con la cátedra no podía mantener a su familia. Ganaba mucho más guiando turistas a luagres emblemáticos, históricos y narrando precisamente historia.

No es fácil la vida en Cuba, pero ese pueblo no se rinde y lucha día a día para mantenerse de pie a pesar de las adversidades.

De nuestra parte, aunque sea muy dificil, nuestras oraciones deben estar enmarcadas en que, ocurra lo que ocurra, no se derrame sangre. Obviamente con los cambios o intentos de cambios politicos y sociales, eso es casi inevitable. Según aquí exigimos al gobierno que escuche al Pueblo, igual debe ser nuestro mensaje de solidaridad con Cuba, que sean escuchados y que se haga su voluntad.