Escuela - salon de clases - Foto suministrada - junio 3 2020

En marzo del 2020, cuando se anunció un sorpresivo “lockdown” en Puerto Rico, era totalmente incierto qué ocurriría con la pandemia, la economía, los trabajos, la educación. Todo era desconocido. 

En aquel momento la educación de nuestros niños y estudiantes se vió seriamente amenazada, sin embargo, el desconocimiento del desarrollo de la pandemia del coronavirus hizo que cualquier cosa quedara en segundo, tercer y cuarto lugar. Hoy, casi un año después, el panorama es muy distinto. En comparación con aquel momento hay mayor conocimiento del Covid-19, estamos mucho más educados y acostumbrados en el tema de la protección, hay mayor cantidad de pruebas, hay mayor disponibilidad de mascarillas, alcohol, hand sanitizer, máquinas de desinfección, vacunas, etc. En resumidas cuentas estamos en mejor posición, “by far”, que en marzo, abril y mayo del año pasado. 

En marzo del 2020, al cerrar la isla se cerraron las escuelas. Sin embargo, había que atender el tema de la educación. ¿Solución? Clases a distancia utilizando la teconología. Ante esa solución buscamos mil pretextos para no hacerlo. Que si el internet, que si las computadoras, que si los estudiantes no atienden igual, que si a papa y mamá les iba a tocar ahora ser maestros, que la educación a distancia provocaba rezago, etc. Cada vez que se atendía la forma de trabajar un problema planteado, buscábamos otro problema. Se atendía ese otro problema y buscábamos otro problema más.  

El método de enseñanza a distancia fue desbaratado a fuerza de críticas y críticas. Se le buscaba cualquier pretexto para no arrancalrlo, para no ejecutarlo. Sin embargo, con todas las dificultades expuestas, la mayoría con razón, el gobierno siguió pa’ lante. Si nos hubiésemos sentado a esperar que todos los problemas se atendieran para arrancar “como Dios manda” seguramente hoy nuestros niños y jóvenes estuviesen sentados en sus casas esperando, sin tomar un solo segundo de clases. 

Hoy, en febrero del 2021, a 11 meses de aquella resistencia, buscamos la nueva resistencia. Ahora no es que no queremos educación a distancia. Ahora es que adoramos la educación a distancia y que esta funciona muy bien, por lo que no queremos volver al salón de clases. Esas resistencias vienen de todas partes: maestros y padres.  

“Propónlo que me opongo”, decía el gobernador Alejandro García Padilla en su programa “Sin Miedo” por NotiUno 630, en referencia a que hay sectores que su filosofía de vida es oponerse a lo que sea, y eso es verdad. No es que se esté menospreciando las preocupaciones. Hay que atenderlas, pero esos sectores, según se van atendiendo unas preocupaciones, empiezan a escarbar a ver de dónde pueden sacar otra. 

Hubo resistencia a las clases a distancia y se arrancó. Se fue puliendo sobre la marcha, pero no se podía esperar a que el 100% de las preocupaciones estuviesen atendidas y que fueran “bullet proof” porque, de nuevo, hoy todavía no hubiesemos arrancado. 

No existe, ni existirá, plan que permita arrancar el semestre escolar con el 100% de las preocupaciones atendidas. ¿Porqué? Porque recuerde que le dije que habrá sectores buscando hasta debajo de las piedras excusas para oponerse. Las clases hay que arrancarlas, punto.  

Ahora bien, no podemos arrancar el 100% de las escuelas con clases presenciales y el discurso de los sindicatos y los opositores, en sus planteamientos, es como si se estuviese planteando abrir todas las escuelas en marzo. Eso de decir medias verdades es parte de un discurso manipulativo para ganar adeptos a sus posturas.  

El pasado jueves tuve la oportunidad de dialogar con líderes magisteriales en Jugando Pelota Dura (Tele11) y luego de varios minutos oponiéndose a que se regrese con una cantidad reducida de escuelas al salón de clases, le planteo la experiencia de un colegio privado que lo está haciendo con niños y que estos están protegiéndose, limpiando sus áreas y tomando sus clases presenciales sin problema alguno. Luego de plantear eso le pregunto a los líderes magisteriales “O sea, un colegio privado puede hacerlo y en el sistema público ustedes no quieren que se habra una sola escuela… ¿que no estamos preparados para abrir una sola escuela en todo Puerto Rico?”. ¿Respuesta? “Lo que pasa es que en los colegios privados tienen acceso a unos fondos, a unos materiales, que en las escuelas públicas no se dá”. ¿En serio? El Departamento de Educación tiene más presupuesto que muchos países ¿y usted me vá a decir a mí que los colegios privados tienen más presupuesto o reciben más fondos que el Departamento de Educación para abrir una dichosa escuela? ¿Entiende ahora mi planteamiento de lo que es la búsqueda de excusas para no lograr una meta? 

Finalmente, reitero lo dicho, hay que empezar a abrir escuelas. No puede ser, repito, no puede ser todas. Debe ser una cantidad mínima que el Departamento de Educación pueda concentrarse en esas pocas, asegurando medidas de higiene, protección e ir monitoreándolas para hacer ajustes sobre la marcha. Una vez concluido el semestre hacer una plan más amplio y abarcador para arrancar en agosto en un porciento mayor de escuelas.  

Les anticipo que si no abrimos ahora, en agosto la consigna será que no estamos preparados, que lo dejemos para enero, y en enero será que no estamos preparados, que lo dejemos para agosto del 2022 y así sucesivamente. Aquí no ha existido en ningún gobierno la preparación completa para abrir el 100% de las escuelas en momentos regulares, sin pandemia y si la consigna es que hasta que el 100% de las escuelas estén 100% preparadas para arrancar, entonces  me temo que nuestros niños no volverán a pisar un salón de clases por años porque esa perfección que demandamos de 100% “bullet proof” no la tiene el país más avanzado del mundo. 

Hay que empezar las clases y el que no quiera enviar a su hijo a la escuela para que siga tomando clases a distancia, con el rezago que eso provoca, pues es reposnsbilidad de ese padre que su hijo quede rezagado. Es un asunto entre padre e hijo, que al final del día le costará al hijo en su futuro, no a su padre.