Columna de Opinión: Gobernadora: hay que reenfocar cierres

No soy experto en medicina ni economía. Sin embargo, hay situaciones que no hace falta ser médico, ni economista, para entender lo que ocurre a nuestro alrededor, analizar y llegar a unas conclusiones lógicas.

No existe la menor duda que el gobierno debía comenzar la pronta reapertura de la economía luego de mes y medio a dos meses de lockdown. Alguien me comentó con cierto tono dramático “O morimos de COVID o morimos de hambre”. No es para tomarlo de forma literal. Su punto era que el que cree que podemos cerrar la isla hasta que surja una vacuna, como plantean disimuladamente algunos sectores radicales, no tiene idea de lo que le esperaría a la isla con su economía 7 pies bajo tierra, con el pueblo sin trabajo, los negocios muertos, y la gente pasando hambre, etc. Lo irónico es que los que dicen que eso es una exageración son los mismo que dicen todos los días que en la isla hay necesidad y se pasa hambre. Eso no es una exageración. Cierre casi todo el comercio por un año e imagine. Recuerde que la vacuna del COVID, con suerte, podría estar lista para el verano del año que viene.

Con ese panorama, teníamos dos opciones. La primera era mantenernos cerrados, reducir sustancialmente el contagio, pero matando la economía, su trabajo, sus habicuelas, su sustento. La segunda opción era ir abriendo la economía y la ciudadanía aplicar las medidas de seguridad para protegerse y tratar de crear un balance. Era, y es, imposible mantener un lockdown por un año y salvar la economía. ¿Podíamos abrir poco a poco y tomar medidas de seguridad para protegernos y lograr ese balance? La respuesta es que sí. ¿Que podemos lograr que el 100% de la ciudadanía fuera responsable? La respuesta es que no. Pero entonces lo que hay que “atacar” son los sectores irresponsables, no los que cumplen.

Dentro de la raza humana hay personas cuyo sentido de responsabilidad es cero, no les importa nada, se creen omnipotentes. Si hay padres que dejan morir de hambre a sus hijos, si hay quienes lastiman a niños, a infantes, imagine preocuparse por la salud del resto de la ciudadanía. Lamentablemente la raza humana también tiene sus animales… salvajes e irracionales.

Cuando se hizo el anuncio de apertura de una cantidad considerable de sectores pensé, y expresé públicamente, que entendía la gobernadora se estaba esmandando un poco, se estaba arriesgando. No obstante, también indiqué que nos estaba dando un voto de confianza, por lo que sería nuestra responsabilidad si más adelante teníamos que volver atrás con algunos cierres. Anticipé en varios escritos, en radio y en TV que la reapertura traería aumento de casos positivos, pero que dependería de la ciudadanía cuán grande sería el mismo, y así fue. Los aumentos se están dando, la cuesta se está empinando un poco y es por un sector de la ciudadanía. Aparte de que también ya se ha hablado de casos de personas que han venido a visitar familares o de vacaciones, a pasear y compartir con otros, estándo contagiados sin saberlo. Todo en contra de las recomendaciones de no viajar.

Sí, creo que es momento de echar hacia atrás algunas cosas, y en ese aspecto respaldo parcialmente las medidas de la gobernadora. Algunas de las críticas recibidas son acertadas, pero otras son changuerías.

No hay duda que ha sido un gran problema la mezcla de alcohol con descontrol. Lo vimos en el cayo Caracoles (La Parguera), en negocios de la montaña, y también en áreas urbanas. Un sector se volvió “loquito” y había que ponerle control. Ahora, como digo una cosa, digo la otra. Si fuera por algunos del grupo médico que rodea a la gobernadora, le ponen candao’ al país por las cuatro esquinas por el tiempo que sea. ¿Economía? Bueno, si la de ellos está sólida, si pueden darle a su familia el estilo económico de vida que han vivido, pues no les importará tanto la economía de los demás porque su formación no es salvar economías. Ahora, si lo que recomiendan los ubicará a ellos y a sus familias en la posición de Juan Del Pueblo, que no sabe cómo vá a mantener a su familia porque de la noche a la mañana se quedó sin ingresos, y con limitadas ayudas económicas, ahí les digo yo que, desde mi perspectiva, se preocuparían más por la economía. Aclaro que no son todos los médicos los que creo piensan así.

“Cierran las playas y los chinchorros, pero dejan abiertos los centros comerciales”, leí en las redes. ¿Ha visto usted tumultos con bebidas alcohólicas en el mall, sin mascarillas, sin guardar distanciamiento físico, empujándose unos a otros, tocándose? ¿Ha visto en esos lugares el reguero que vimos el pasado fin de semana en los chinchorros de Corozal y otros pueblos? Si la respuesta es no, pues no sea “drama queen” o “drama king” montando un “llori-party” porque la gobernadora no cerró los centros comerciales.

Según fue adelantando la reapertura, yo fui poco a poco aprovechando la misma. Visité restaurantes que tenían medidas de seguridad, fui a la playa, volví al gimnasio, entre otras cosas. Obviamente, repito, tomando las medidas de seguridad recomendadas. Gracias a Dios, hasta hoy, estoy bien y no me he contagiado. ¿Eso quiere decir que no me vá a dar COVID-19 en una semana, un mes o 6 meses? ¡Claro que no! Me puede pasar, pero es mi responsabilidad, no de la gobernadora, reducir ese riesgo, y así intento hacerlo.

Finalmente, creo la gobernadora debe reconsiderar en los próximos días algunas de las medidas anunciadas. Cuando se comenzó la reapertura, se condicionó a que los comerciantes invirtieran en medidas de seguridad. Fueron cientos de miles de dólares invertidos por el sector privado para dichas medidas. Ahora, luego de obligarlos a invertir los obligan a cerrar sin tener data o evidencia que apunte a que esas medidas han fallado.

Tomo el ejemplo de los gimnasios. En el caso de la modalidad del “crossfit”, estos espacios no son cerrados, con aire acondicionado. El que conozco bien (Barrio 12) comenzaron a tomar temperatura en la entrada, desinfectan manos y las tenis antes de entrar. El espacio tenía cabida para 25 personas y bajó a la mitad. Crearon espacios de ejercicios en el que cada persona está a cerca de 12 pies (el doble del distanciamiento recomendado), cada estación de ejercicios tiene su botella de desinfectante y su paño, si sales de tu área, tienes que usar mascarilla, no puede haber más de una persona en el baño. Tampoco pueden ir todos a la vez a buscar las herramientas de ejercicios, habilitaron una salida para que no se crucen los que entran con los que salen. ¿Saben qué? Aparte de eso, yo llevo mi alcohol, mi toalla y hand sanitizer adicional. ¿En serio que soy comparable con el que está bebido y sin control en un chinchorro? ¿De verdad que ese gimnasio está al nivel del chinchorro que tiene un descontrol a su alrededor?

Esto sin contar que lo más peligroso del COVID-19 es el sistema respiratorio, y el tener una buena condición física, en parte gracias a la disciplina de hacer ejercicios, puede ayudar a sobrellevar un contagio. Casi mes y medio estuve visitando el gimnasio tras la reapertura, sin ningún problema yo, así como tampoco los que ibamos hasta el jueves.

Este ejemplo, y otros, debería ser reconsiderado por la gobernadora en los próximos días y buscar alternativas. Nuevamente, si obligaron a los comercios a invertir cientos de miles de dólares en medidas de seguridad y la inmensa mayoría ha cumplido, reduciendo sustancialmente la posibilidad de contagio, no deben ser castigados porque unos irresponsables están sin control. Controlen a los descontrolados, no “controlen”  asfixiando más a los que han sido responsables y que han tomado medidas en sus negocios por la nueva realidad.